La huella del diablo – Kathy Reichs

El pasado día de Reyes se unieron dos cosas: mi creciente pasión por la serie Bones y el tener que colocar el Belén y el Árbol de Navidad que mi hermana insiste en poner todos los años… ¿Y cómo se unieron la una a la otra? Pues bien, limpiando después de quitar el Belén me encuentro de frente con dos libros escritos por Kathy Reichs, La huella del diablo y El beso de la muerte… Después de una breve investigación (San Google, Dios te guarde), cogí el primero…

La huella del diablo

Autor: Kathy Reichs

Argumento: Durante un gelido invierno en Montreal, la antropologa forense Temperance Brennan cava en el suelo helado buscando la tumba donde reposan lo restos de la hermana Élisabeth Nicolet, muerta hace mas de un siglo, y hoy candidata a la santidad. Un ataud pequeño y extraño, enterrado en una vieja iglesia quemada, encierra la primera pista del destin de la monja.
Su investigacion se ve interrumpida por el descubrimiento de varios cadaveres calcinados en un chaley destruido por las llamas. cuyo examen pondrá a prueba la experiencia profesional de Tempe. El detective de homicidios Andrew Ryan, con quien mantiene una relacion tempestuosa, se une a ella para esclarecer las causas del mismo incendio.
Tempe y Andrew se sumergen en el mundo de una controvertida sociologa, una enigmatica secta y una colonia de primates en una isla de Carolina del Sur. Tempe se siente abrumada por el caso, confundida por la creciente atraccion hacia Ryan y preocupada por el conflicto espiritual que vive su hermana.
Con la detallada descripcion del mundo de la medicina forense que solo Kathy Reichs es capaz de aportar -desde la reconstruccion de un esqueleto hasta el analisis de una familia de insectos-, La huella del diablo lleva al lector a un viaje fascinante, desde el deposito de cadaveres hasta el escenario del crimen, desde la calidez de una isla atlantica hasta el frio glacial de una tormenta de nieve. Con esta obra, intensa y estremecedora, Kathy Reichs se consolida como una de las mas brillantes escritoras contemporaneas de misterio.

¿Sabéis qué es lo que pasa? Que sí, que la protagonista del libro se puede llamar Temperance Brennan igual que la de la serie pero las similitudes (dejando el trabajo como forense aparte, claro) entre ambas se terminan ahí. A diferencia de la descreída de la serie (mucho más joven, sin hijas y que no está divorciada), la Brennan de la novela es una persona con fuertes creencias religiosas que se acongoja al encontrarse con una monja, que no denuncia una agresión en la calle, que se deja pisar por otras personas y que, francamente, como protagonista no da la talla.

Pero lo peor no es eso, lo que es todavía peor es que la novela no engancha… la autora se empeña una y otra vez en dejar cosas colgando en plan “madre mía, no puedo creer lo que he visto…” y lo deja pendiente, con un poco de suerte, hasta el siguiente capítulo o, como sucede con los restos de la monja, hasta el final del libro… y me temo que fue porque alguien se lo recordó.

Principio del capítulo 6

El esqueleto de Élisabeth me preocupaba. Lo que había visto simplemente no podía ser, pero incluso LaManche lo había no­tado. Estaba ansiosa por resolver la cuestión; sin embargo, a la mañana siguiente un grupo de huesos diminutos junto al fre­gadero del laboratorio de histología exigió toda mi atención.

No vuelve a retomar el tema hasta el final de la novela (unas 300 páginas más tarde)

Otra cosa muy detestable es el excesivo detallismo en el que se empeña la autora, que sí, que seguro que está encantada de leerse a sí misma, pero es un verdadero coñazo. A ver, buena mujer, ¿crees que me importa lo más mínimo si tomaste la M40 o la M25 para ir a Charlotte desde sabe Dios dónde o cómo es paso a paso el trabajo de forense? Joer, seguro que para ser forense es importante la minuciosidad, pero vamos… para escribir novelas como que no lo es tanto… sobre todo cuando pierdes emoción por estar tan centrada en detalles que no tienen la más mínima importancia.

Enfilamos la 1-77 en dirección sur a través de Columbia, cor­tamos hacia el sureste por la 1-26 y nuevamente en dirección sur por la 1-95. Al llegar a Yemassee abandonamos la autopista interestatal y continuamos viaje por estrechas carreteras co­marcales. Katy y yo hablábamos de miles de cosas, nos reíamos a carcajadas y parábamos cuando nos apetecía. Tomamos car­ne a la brasa en Maurice’s Piggy Park y tuvimos una sesión in­formal de fotos en las ruinas de la iglesia Old Sheldon-Prince Williams, quemada por Sherman durante su marcha hacia el mar. Me sentía maravillosamente bien al no tener que estar so­metida a un horario fijo, en compañía de mi hija y viajando ha­cia el lugar que más amaba en el mundo.
[…]
En Beaufort pasamos junto a la estación marítima e hicimos una breve parada en el Bi-Lo. Luego atravesamos la ciudad y el puente Woods Memorial en dirección a Lady’s Island. Al llegar a la parte más elevada del puente, me volví para contemplar la zona de los muelles de Beaufort, un paisaje que siempre me produce un enorme placer.
[…]
Mientras descendíamos por el extremo más alejado del puente, delante y hacia la izquierda, podía ver numerosas em­barcaciones amarradas en Factory Creek, un pequeño meandro de agua formado por el río Beaufort. El sol crepuscular se re­flejaba en los cristales de las ventanas y lanzaba destellos blan­cos desde los mástiles y las cubiertas. Conduje otro kilómetro por la autopista 21 y giré para entrar en el aparcamiento del restaurante Ollie’s Seafood. A través de un bosque de robles, me dirigí hacia la parte trasera del aparcamiento y me detuve en el borde del agua.

También se pasa, como tres o cuatro pueblos, en las descripciones de las heridas de los bebés. Pero lo peor de todo… la resolución de la novela. Eso sí que es lamentable. Todo está relacionado. Los investigadores no investigan nada y se encuentran con las cosas de frente o no descubren nada… penoso.

No sé cómo serán los demás, pero si son todos como este… alejaos (y mucho) de ellos. Acabaréis por agradecérmelo.

Inquietante, ¿verdad?

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