¡Voto a Bríos! de Terry Pratchett

Otra novela del Mundodisco y, evidentemente, de Terry Pratchett… La encontré, la compré y la leí… No es el Veni, Vidi, Vinci, pero…😉

¡Voto a Bríos! de Terry Pratchett

Argumento: En mitad de la noche, ante la mirada atónita de unos pescadores de Ankh-Morpork y de Klatch (que estaban gritándose por sus derechos sobre un caladero con muy pocos peces), una isla emerge repentinamente de las aguas burbujeantes del Mar Circular. Pasados el susto y la sorpresa iniciales, ambos reclaman para sí y sus respectivas “patrias” este nuevo territorio… aunque sea una tierra desolada con ruinas de unos gigantescos edificios. El comandante sir Samuel Vimes de la Guardia de la ciudad pasea por las calles bulliciosas, atestadas y caóticas de Ankh-Morpork. Parece que en los últimos días sopla un viento nuevo, traído por esa isla recién emergida. Es el viento del patriotismo. En las plazas la gente corriente lanza soflamas incendiarias contra su enemigo histórico, la nación de Klatch (ese país desértico al otro lado del mar, donde los hombres llevan turbante y las mujeres velo, donde inventaron la astronomía, el álgebra y las palabras que empiezan por al). Los dirigentes -aunque no los políticos- reclaman la movilización de un ejército. Se están organizando batallones civiles. Los inmigrantes klatchianos se ven acosados por la turba.Y en este ambiente cargado, el embajador klatchiano es asesinado por una flecha tirada desde lo alto de una torre. El comandante Vimes y su guardia heterogénea deberán resolver un doble crimen: el magnicidio y el peor de todos los delitos, una guerra sin sentido.
¡Voto a bríos! es una novela sobre la guerra, sobre la inutilidad de la misma, sobre la xenofobia, sobre el racismo y el sexismo, sobre las posibilidades bélicas de la investigación científica.

Y es una lectura muy sorprendente… Creo que con esta novela, me ha quedado totalmente claro que, aunque las novelas centradas en La Muerte (y los magos) molan, las novelas centradas en la guardia comandada por Vimes son las mejores de Mundodisco. Puede que sea por el propio Vimes, por Zanahoria, por Lord Vetinari, por Nobby o por el conjunto de todos ellos… pero las novelas de la Guardia son, con diferencia, las mejores. Y eso que en esta hay un momento dado en que me debió pasar como a Detritus en el desierto, se me calentó la cabeza y ni iba p’alante ni p’atrás… cosas que pasan al mezclar fútbol con Mundodisco en el momento en el que en la novela se estaba celebrando un partido de… bueno, algo parecido al fútbol.

Lord Vetinari parecía atento porque siempre había encontrado que escuchar intensamente a la gente tendía a desorientarlos.
Y en reuniones como éstas, cuando era aconsejado por los líderes de la ciudad, escuchaba con gran cuidado, porque lo que la gente decía era lo que querían que él escuchara. Además prestó mucha atención a los espacios entre las palabras. Allí era donde estaban las cosas que ellos deseaban que él no supiera y que nunca averiguara.
En este momento estaba prestando atención a lo que Lord Downey, del Gremio de Asesinos, estaba diciendo en una extensa exposición acerca del alto nivel del gremio y su valor para la ciudad. La voz, finalmente, se detuvo ante la atención agresiva de Vetinari.

(Por cosas como esta mola Terry Pratchett)

El caso es que la novela, publicada hace 0nce años, es totalmente actual en cuanto a su temática, exceptuando las partes en las que Zanahoria utiliza su “mojo”, claro… Terry Pratchett es un visionario y en esta novela lo demuestra… otra vez. ¡Es que es increíble! O sea, la marcha de los klatchianos de Ankh-Morpork da hasta pena y…

¿Qué me decís de esto?

Posiblemente era porque estaba cansado, o porque estaba tratando de aislarse del mundo, pero Vimes se encontró a sí mismo caminando lentamente con la tradicional forma de caminar de los vigilantes y con el tradicional proceso de pensamiento perezoso.
Era casi una respuesta Pavloviana: Las piernas oscilaban, los pies se movían, la mente comenzaba a trabajar de una manera determinada. No era exactamente un estado de sueño. Era que los oídos, nariz y ojos giraban derecho hacia el antiguo nodo de su cerebro “bastardo sospechoso”, dejando el centro del cerebro superior libre para pensar.
… Cuero y calzas… ¿Qué clase de vestido era ése para un vigilante? Una armadura aporreada, pantalones de cuero grasiento, y una camisa gastada con manchas de sangre, preferiblemente de alguna otra persona… eso era lo correcto… una buena sensación de los adoquines a través de las botas, eso era reconfortante…
Detrás de él la confusión crecía por las filas, el desfile se demoraba para mantener el paso.
… Já, Protector de la Paz de Rey… por supuesto, le había dicho al viejo que se lo entregó:
—¿Qué pedazo tiene usted en mente? —pero había caído en oídos sordos… maldita estúpida cosa, pensó, un trozo de madera con una bola de plata en el extremo… incluso un alguacil tiene una espada decente, ¿qué se supone que he de hacer, sacudirlo ante la gente?… por todos los dioses, han pasado meses desde que di un buen paseo por las calles… mucha gente aquí hoy… será por el desfile, ¿no había…?
—Oh, dioses —dijo el Capitán Zanahoria entre la multitud—. ¿Qué está haciendo?
Cerca de él un turista de Agatea estaba empujando trabajosamente la palanca de su iconografía.
El Comandante Vimes se detuvo y, con la mirada ausente, metió el bastón debajo de un brazo y levantó su yelmo.
El turista miró a Zanahoria y tiró de su camisa educadamente.
—Por favor, ¿qué está haciendo? —preguntó.
—Eh… está… está sacando…
—Oh, no… —dijo Angua.
—… está sacando el paquete de cigarros ceremoniales de su yelmo —dijo Zanahoria—. Oh… y está encendiendo uno…
El turista empujó su palanca un par de veces.
—¿Una tradición muy histórica?
—Memorable —murmuró Angua.
La multitud había hecho silencio. Nadie quería quebrar la concentración de Vimes. Era ese delicioso silencio de miles de personas conteniendo el aliento.
—¿Qué está haciendo ahora? —preguntó Zanahoria.
—¿No lo puedes ver? —dijo Angua.
—No con las manos sobre mis ojos. Oh, pobre hombre…
—Acaba… acaba de hacer un anillo de humo…
—… el primero del día, siempre lo hace…
—… y ahora vuelve a andar… y ahora ha cogido el bastón y lo lanza al aire, pescándolo de nuevo, ya sabes, como hace con la espada cuando está pensando… parece bastante felíz…
—Creo que realmente va a atesorar este momento de felicidad —dijo Zanahoria.
Entonces el murmullo comenzó. El desfile se había detenido detrás de Vimes. Algunos de los más impresionables que no estaban seguros de lo que deberían hacer, y los que habían probado demasiado el aceptable jerez de la Universidad, comenzaron a buscar alrededor de sí mismos algo que echar al aire y cogerlo. Después de todo, era una Ceremonia Tradicional. Si venías con la idea de no hacer cosas porque eran aparentemente ridículas, mejor te volvías ya mismo a casa.
—Está cansado, eso es lo que pasa —dijo Zanahoria—. Ha estado corriendo y supervisando cosas durante varios días. Guardias de día y de noche. Ya sabes que es una persona muy activa.
—Ojalá el Patricio esté de acuerdo en dejarlo que lo siga siendo.
—Oh, su señoría no podría… No podría, ¿verdad?
Las risas comenzaban. Vimes pasaba el bastón de una mano a la otra.
—Puede hacer que su espada dé tres vueltas y aún atraparla…
Vimes se giró. Miró hacia arriba. Su bastón repicó sobre los adoquines y rodó hasta un charco, olvidado.
Entonces comenzó a correr.

Impresionante, ¿no? Si con estos dos extractos no estáis totalmente convencidos de qué es lo que tenéis que leer… bueno… tenéis algo parecido a la horchata en las venas.

Y no voy a decir nada más de la historia ni de los personajes. Leedla. Me lo agradeceréis.

Inquietante, ¿verdad?

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