La paradoja del barbero

Buscando una forma de expresar cómo se denomina la aparición de un libro dentro de otro libro se me ocurrió buscar el significado de la palabra “metalenguaje” (que no es lo que yo creía así que no me valía para lo que estaba buscando), encontré la, llamada, paradoja de Russell…

Aquí podrán leerlo con más detalle, pero me gustó mucho la explicación, por así llamarla, sencilla:

En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

— En mi pueblo soy el único barbero. Si me afeito, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto no debería afeitarme el barbero de mi pueblo ¡que soy yo! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces algún barbero me debe afeitar, ¡pero yo soy el único barbero de allí!

El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz.

Inquietante, ¿verdad?

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