Un soneto de Fray Cornejo

Esta mañana, en Dios y enhorabuena
Salí de casa y víneme al mercado;
Vi un ojo negro al parecer rasgado,
Blanca la frente y rubia la melena,
Llegué y le dije: “Gloria de mi pena,
muerto me tiene vivo tu cuidado,
Vuélveme el alma, pues me la has robado
Con ese encanto de áspid o sirena.”
Pasó, pasé, miró, miré, vio, vila;
Dio muestras de querer, hice otro tanto;
Guiñó, guiñé, tosió, tosí, seguila;
Fuese a su casa, y sin quitarse el manto,
Alzó, llegué, toqué, besé, cubrila,
Dejé el dinero y fuime como un santo.

Qué grande era este tío.

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