El símbolo perdido de Dan Brown

Nueva entrega de las increíbles aventuras de Robert Langdon… y cada vez va a peor.

El símbolo perdido de Dan Brown

¿Existe un secreto tan poderoso que, de salir a la luz, sea capaz de cambiar el mundo?
Washington. El experto en simbología Robert Langdon es convocado inesperadamente por Peter Solomon, masón, filántropo y su antiguo mentor, para dar una conferencia en el Capitolio. Pero el secuestro de Peter y el hallazgo de una mano tatuada con cinco enigmáticos símbolos cambian drásticamente el curso de los acontecimientos. Atrapado entre las exigencias de una mente perturbada y la investigación oficial, Langdon se ve inmerso en un mundo clandestino de secretos masónicos, historia oculta y escenarios nunca antes vistos, que parecen arrastrarlo hacia una sencilla pero inconcebible verdad.

Y es que hay partes realmente pesadas en esta novela. Sobre todo cuando se pone a explicar la ¿ciencia? noética, que no tiene nada que ver con la falta de ética a pesar del nombre que tiene y de ciencia tiene más bien poco, y los ritos masónicos que tanto interesan a Dan Brown (para mí que este es un masón encubierto) y lo malos y tontos que son los que dirigen la Iglesia que no saben ver cuál es el verdadero mensaje de la Biblia, no os preocupéis que Dan Brown os lo desvela, que no la Biblia en sí misma (aunque, obviamente, hay cosas que no están demasiado bien en la misma).

Y debo decir que lo primero que pensé cuando contaban la historia del hijo del colega de Robert Langdon fue “ya verás como el malo es el hijo que sigue vivo…”, al rato pensé “ya verás como el malo es el colega de Robert Langdon que quiere traicionar a los masones…” y un poquito después pensé “¡Dios mío! ¿Todavía me faltan 400 páginas por leer?”. Qué queréis que os diga… me alegro de que haya sido un préstamo…😄

Y es que el libro en el que más cabezón (en el sentido de tozudo) y lento (otros dirían falto de conocimiento pero… ¿qué coñe quiere decir eso?) se muestra Robert Langdom; el libro que intenta copiar el esquema de 24 en cuanto al paso del tiempo… y, francamente, tanto da si son 12 horas como si fuesen tres meses, el autor nunca consigue que te asalte esa sensación de urgencia que deberías tener al leer el libro; pues bien… ese libro es un verdadero coñazo.

Jubílate Dan Brown, seguro que ya tienes pasta suficiente.

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